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Repetición espaciada: por qué conviene repasar más tarde
Lo estudiado de golpe se olvida pronto. Más de un siglo de estudios muestra que repasar a intervalos crecientes fija las palabras por meses. Así se hace.
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Aprendes una palabra nueva el lunes. El martes te la sabes. Al lunes siguiente se ha esfumado, y eso que juras que la estudiaste. No es señal de que se te den mal los idiomas. Así funciona la memoria, y es uno de los efectos mejor estudiados de la psicología. La buena noticia es que esa misma investigación te dice cómo vencerlo: repasa un poco, un poco más tarde, y luego otro poco, más tarde aún. Eso es la repetición espaciada.
El olvido tiene forma
En la década de 1880, el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus memorizó listas de sílabas sin sentido y luego midió cuánto tardaba en volver a aprenderlas tras distintos intervalos. Si se llevan sus resultados a una gráfica, aparece la famosa curva del olvido: perdemos mucho poco después de aprender y, a partir de ahí, la pérdida se ralentiza.
Ebbinghaus solo hizo pruebas con una persona, él mismo, así que es lógico preguntarse si la curva se sostiene. En 2015, dos investigadores repitieron su método. Un participante dedicó 70 horas a aprender listas y a volver a aprenderlas al cabo de 20 minutos, una hora, 9 horas, un día, 2 días y 31 días. Los resultados se parecieron mucho a los del propio Ebbinghaus, con un matiz: la curva no es perfectamente suave y probablemente da un salto hacia arriba al llegar a un día (Murre y Dros, 2015).
Lo útil es la forma. Si la mayor parte del olvido ocurre al principio, un repaso en el momento justo rescata un recuerdo antes de que se pierda, y cada repaso hace que dure más.
Una ilustración de la idea, no datos medidos. Arriba: tres sesiones de estudio amontonadas y, después, una larga espera. Abajo: el mismo esfuerzo repartido en repasos, cada uno de los cuales recupera el recuerdo antes de que se desvanezca.
Qué dice la investigación
Espaciar gana a estudiarlo todo de golpe, casi siempre
El mayor resumen de la evidencia es un metaanálisis de 2006 de Nicholas Cepeda y sus colegas. Reunieron 839 mediciones de práctica distribuida procedentes de 317 experimentos de 184 artículos publicados. Repartir el estudio funcionó mejor que concentrarlo, y el intervalo óptimo entre sesiones aumentaba a medida que aumentaba el tiempo hasta el examen (Cepeda et al., 2006).
Ese hallazgo se cumple también en el aprendizaje de idiomas en particular. Un metaanálisis de 2022 sobre estudios de segundas lenguas reunió 98 tamaños del efecto de 48 experimentos con 3411 estudiantes. El espaciado tuvo un efecto de mediano a grande en cuánto aprendieron (Kim y Webb, 2022).
Cuando un equipo de especialistas en ciencias del aprendizaje evaluó diez técnicas de estudio populares según lo bien que funcionan en distintas edades, materias y contextos, solo dos obtuvieron su máxima calificación: las pruebas de práctica y la práctica distribuida. Releer y subrayar, las dos técnicas a las que más recurren los estudiantes, recibieron una calificación baja (Dunlosky et al., 2013).
¿Cuánto hay que esperar?
Es la pregunta que todo el mundo se hace, y un gran estudio da una respuesta práctica. Cepeda y sus colegas enseñaron una serie de datos a más de 1350 personas, les dieron un único repaso tras un intervalo de hasta tres meses y medio, y las evaluaron hasta un año después. En todos los plazos de examen, alargar el intervalo primero ayudaba y luego, poco a poco, empezaba a perjudicar, así que existe un punto óptimo. Y ese punto óptimo depende de cuánto tiempo necesitas recordar (Cepeda et al., 2008):
- Para un examen dentro de una semana, el mejor intervalo era de alrededor del 20 al 40 % de esa semana: repasar al cabo de entre un día y medio y tres días, aproximadamente.
- Para un examen dentro de un año, el mejor intervalo era de alrededor del 5 al 10 % del año: entre 18 y 36 días, aproximadamente.
El mejor momento para repasar, según Cepeda et al. (2008). Cada barra va desde el primer estudio (la tarjeta) hasta el examen final (la estrella). Arriba: un examen dentro de una semana, con el mejor repaso entre el 20 y el 40 % del camino. Abajo: un examen dentro de un año, con el mejor repaso entre el 5 y el 10 % del camino.
Así que, si quieres quedarte con una palabra para siempre, los intervalos deberían alargarse hasta llegar a semanas. Repasar todos los días indefinidamente es perder el tiempo con palabras que ya sabes.
Menos sesiones, mejor repartidas
La prueba más larga de esto con palabras de un idioma extranjero es un estudio de nueve años de la familia Bahrick. Cuatro personas aprendieron 300 palabras extranjeras cada una, luego las reaprendieron en 13 o 26 sesiones separadas por 14, 28 o 56 días, y se las evaluó hasta cinco años después de terminar el entrenamiento. Los intervalos más largos hicieron el aprendizaje un poco más lento, pero la retención fue claramente mayor. Trece sesiones separadas por 56 días funcionaron casi igual de bien que 26 sesiones separadas por 14 días (Bahrick et al., 1993). Dicho de otro modo: con la mitad de sesiones, bien espaciadas, se obtuvo el mismo resultado. Fueron solo cuatro personas, pero se las evaluó a lo largo de años, algo que pocos estudios consiguen.
Lo que aún no está claro
Muchas apps y guías usan intervalos crecientes (un día, luego tres, luego una semana, y así sucesivamente). Suena lógico, pero la evidencia no es concluyente. En el metaanálisis de 2022 sobre aprendizaje de idiomas, los intervalos crecientes y los intervalos iguales resultaron estadísticamente equivalentes (Kim y Webb, 2022). Lo que sí importa claramente es espaciar, sin más, y dejar intervalos más largos cuando quieres recordar durante más tiempo. El patrón exacto importa menos.
Cómo aplicarlo hoy mismo
- Repasa mañana, no esta noche. Releer una lista justo después de aprenderla parece productivo, pero es práctica concentrada. Cierra el libro y vuelve a ella después de una noche de sueño.
- Ponte a prueba en lugar de releer. Tapa la respuesta e intenta recordarla antes de mirar. El espaciado y la autoevaluación fueron las dos técnicas mejor valoradas por Dunlosky y sus colegas, y funcionan muy bien juntas.
- Alarga el intervalo cuando aciertes. Si recuerdas ありがとう (arigatō, "gracias") sin esfuerzo al cabo de un día, espera varios días antes de volver a verla y, después, un par de semanas. Si fallas, vuelve a acortar el intervalo. Que los intervalos crezcan o se mantengan iguales importa menos que dejar tiempo entre repasos.
- Ajusta el intervalo a tu objetivo. ¿Una prueba dentro de una semana? Repasa unos dos días después de estudiar las palabras por primera vez. ¿Quieres que 감사합니다 (gamsahamnida), 谢谢 (xièxie) o thank you sigan ahí el año que viene? Deja que tus repasos se vayan espaciando hasta quedar a varias semanas de distancia.
- Cuenta con que te cueste un poco más. En el estudio de los Bahrick, los intervalos más largos hicieron que el aprendizaje fuera algo más lento en el momento, pero dieron fruto más adelante. Que te cueste recordar una palabra tras un intervalo largo no es un fracaso. A menudo es el repaso haciendo su trabajo.
- Haz sesiones cortas y regulares. Diez minutos de repasos pendientes casi todos los días funcionan mejor que una sesión larga el fin de semana, porque cada repaso cae en un punto distinto de la curva del olvido.
Hasta Luffy hace pausas mientras sube la Gran Muralla. Las paradas para descansar forman parte de cualquier subida larga.
Pruébalo en Miaru
Miaru integra la repetición espaciada en cada curso, así que no tienes que llevar ningún calendario. Cada carácter, palabra y frase que aprendes tiene su propio programa de repasos. Cuando toca repasar algo, vuelve por sí solo al comienzo de tus siguientes lecciones, y puedes hacer una ronda rápida de repaso de hasta 15 elementos pendientes cuando quieras. Si aciertas, tardará más en volver. Si fallas, volverá antes.
Referencias
- Bahrick, H. P., Bahrick, L. E., Bahrick, A. S., & Bahrick, P. E. (1993). Maintenance of foreign language vocabulary and the spacing effect. Psychological Science, 4(5), 316–321. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.1993.tb00571.x
- Cepeda, N. J., Pashler, H., Vul, E., Wixted, J. T., & Rohrer, D. (2006). Distributed practice in verbal recall tasks: A review and quantitative synthesis. Psychological Bulletin, 132(3), 354–380. https://doi.org/10.1037/0033-2909.132.3.354
- Cepeda, N. J., Vul, E., Rohrer, D., Wixted, J. T., & Pashler, H. (2008). Spacing effects in learning: A temporal ridgeline of optimal retention. Psychological Science, 19(11), 1095–1102. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2008.02209.x
- Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J., & Willingham, D. T. (2013). Improving students' learning with effective learning techniques: Promising directions from cognitive and educational psychology. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4–58. https://doi.org/10.1177/1529100612453266
- Kim, S. K., & Webb, S. (2022). The effects of spaced practice on second language learning: A meta-analysis. Language Learning, 72(1), 269–319. https://doi.org/10.1111/lang.12479
- Murre, J. M. J., & Dros, J. (2015). Replication and analysis of Ebbinghaus' forgetting curve. PLOS ONE, 10(7), e0120644. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0120644

